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¡En el ojo de la Aguja...!

Mc 10, 17-30

Estamos siguiendo a Jesús a través del evangelio de Marcos. Jesús va en camino hacia Jerusalén como peregrino; estamos siguiendo en su recorrido por la Galilea, por el valle del Jordán que sube hasta Jerusalén, que es la típica ruta de los peregrinos que siguen la orilla serpentaria del río Jordán, una ruta accesible por ser una llanura y por la abundancia de agua.


Jesús había desafiado a todos con su discurso: "Que lo que Dios ha unido no lo separe el hombre". No sólo pone los puntos sobre las

" i ", además pone 'punto final' a la cuestión del divorcio practicado en modo escandaloso tanto en la sociedad judía como en la romana. Jesucristo dice una palabra definitiva, la dicha desde el inicio: los creo para ser una sola carne y quien se separa para unirse con [email protected] comete adulterio. 

El discurso del divorcio, por más justificaciones que se quieran dar no es otra cosa sino la consecuencia de la enfermedad detectada por el Maestro de Galilea en el evangelio de la semana pasada, la esclerocardía, la dureza del corazón. Y esta semana, se nos da una de las razones o causas por las que se adquiere esta enfermedad de la dureza del corazón: el amor por las cosas y riquezas de este mundo.


Mientras va de camino, por el valle del Jordán, zona semidesértica que durante el invierno acoge por aquí y por ahí riachuelos que esperaban las lluvias y el rocío matinal y con ello reviste de verde sus colinas, y de repente, nos dice el texto, uno llega corriendo donde Jesús, se arrodilló ante él, y casi sin respiro le pregunta: ¡Maestro bueno! ¿Qué tengo que hacer para heredar la Vida Eterna? ¡Qué escena! Imagino la cara de sorpresa, maravilla, desconcierto de Jesús ante este hombre ahí improvisamente postrado ante él y diciéndole Maestro Bueno.


Jesús ante todo le pregunta el porqué de llamarlo Bueno cuando ¡Uno solo es bueno! ¡y ése es Dios! Se reconoce como Maestro, todos lo reconocen como maestro en griego didáskalos (διδάσκαλος); en el pueblo judío se trata de un hombre que enseña las cosas de Dios, un rabbí en hebreo; pero Jesús no se apropia del título 'Bueno' porque bueno bueno solo Dios, y sí, él es Dios, pero ¿será que su conciencia como Hijo de Dios está progresando, su divinidad está escondida también para él mismo? ¿o será que lo está confrontando con la concepción que realmente tiene de Jesús, maestro o Dios? ¡¡¡Ah!!!


Jesús aprovecha la cuestión para ir más allá. Por eso le indica el camino: "conoces los mandamientos", la palabra griega entolás (ἐντολὰς), o sea, mandamientos, preceptos hace referencia a los 10 mandamientos de la Alianza escritos por Dios con su propio dedo en las tablas de la ley y entregadas a Moisés en el Sinaí (Ex 24,12). La respuesta es simple y llana, de hecho ya la conoces, está cerca de ti, en tu corazón, solo debes practicarla: ¿quieres tener la Vida Eterna? tu conoces la respuesta:


"Porque este mandamiento que yo te ordeno hoy no es demasiado difícil para ti, ni está lejos. No está en el cielo, para que digas: ¿Quién subirá por nosotros al cielo, y nos lo traerá y nos lo hará oír para que lo cumplamos? Ni está al otro lado del mar, para que digas: ¿Quién pasará por nosotros el mar, para que nos lo traiga y nos lo haga oír, a fin de que lo cumplamos? Porque muy cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón, para que la cumplas.” (Dt 30,11-14). Tu conoces los mandamientos, tú sabes bien la respuesta. Si, el Maestro como buen legislador indica las normas claras y precisas, no impone, sugiere, recuerda, invita. Y no carga la conciencia con cosas más gravosas porque la vida eterna es ya accesible para quien con fe procura vivir los mandamientos, que por lo demás nadie nunca dijo que fueran fáciles.


Jesús enumera algunos de los mandamientos escritos sobre aquellas tablas de piedra, signo de la primera alianza de Dios con su pueblo, cita algunos de los que se refieren especialmente a los deberes con el prójimo, cumplirlos es ya vivir en la vida eterna, es decir en la Vida de Dios que no perece: no robarás, no cometerás adulterio, no darás falso testimonio, no defraudarás que es otra forma de robar porque es despojar al prójimo injustamente, honra a tu padre y madre. Hazlos y vivirás. La revelación no sólo es clara está ya dicha desde antiguo, es parte de esa Alianza entre Dios y el pueblo de Israel en la que el Buen Dios se compromete a dar Vida eterna a ese pueblo si cumple los mandamientos prescritos.


Para este hombre, esto es pan comido... es materia de vida desde hace tiempo. En realidad el evangelista Marcos en este hombre está representando a todos aquellas personas del pueblo de Israel que con corazón puro y sincero practicaban los mandamientos de la Primera Alianza, esa establecida a través de Moisés en el desierto, y que luego se constituirá en Tora, ley por excelencia, la perfecta. Este hombre desde su juventud había practicado la Alianza, incluso aquélla de no adulterar o sea, el divorcio. Por ello decimos que este hombre es la personificación de aquella parte del pueblo de Israel que durante el tiempo de peregrinación por el desierto se postra a la entrada de la tienda y a los pies del monte Sinaí mientras Moisés recibe la palabra divina (Ex 33,10). Este hombre es la representación de este pueblo que se confía por entero a su Dios y vive sus mandamientos como signo de amor y pertenencia a su Señor que está dispuesto a donarle una Vida que no perece en un desierto árido: "Te encontré en tierra desierta, en la horrenda soledad de un desierto; te rodeé, te cuidé, te he guardado como a la niña de mis ojos" (Dt 32,10).


Jesús reconoce en este hombre ese 'resto de Israel' puro y amante que trata de practicar con todo su corazón y en la forma más pura la Alianza del Dios de Israel con su pueblo, por ello el evangelista Marcos nos narra un que Jesús momento único: Jesús mirándolo, se sintió profundamente conmovido y lleno de amor. ¿cómo no sentir amor por esta parte del pueblo de Israel que es su pueblo, en el que ha nacido y por el que ha venido? ¿cómo no recordar que los mandamientos divinos no son sino el signo de un Dios abundantemente bueno que por pura misericordia recogió a este 'resto' que podía desaparecer frente a los pueblos grandes y poderosos del desierto que quieren destruirlo y aprovecharse de sus ganados, sus niños, sus mujeres con el riesgo de desaparecer de la tierra? Un texto maravilloso del profeta Ezequiel (16) nos conecta con los sentimientos profundo del profeta por su esposa y que se convierten en palabras reveladoras de los sentimientos de Dios por su pueblo:


Ez 16, 1 "Me fue dirigida esta palabra de Yavé: 2 «Hijo de hombre, hazle ver a Jerusalén todas sus horribles acciones. 3 Dile de mi parte: Naciste en Canaán y de allí saliste; tu padre era el amorreo y tu madre una hitita.

4 Cuando naciste, el día en que viniste al mundo, no habían cortado tu cordón, ni te habían bañado en agua, ni frotado con sal, ni te habían envuelto en pañales. 5 Nadie tuvo compasión de ti, nadie te cuidó, ni siquiera por piedad; el día en que viniste al mundo, a nadie interesabas y te dejaron en el suelo en medio del campo.


6 Yo pasé entonces cerca de ti, te vi debatiéndote en medio de tu sangre y te dije: ¡Vive tú que pierdes tu sangre,

7 y crece como una hierba del campo! Entonces comenzaste a crecer, te desarrollaste, te convertiste en una jovencita, tu pecho se afirmó y tu cabellera creció; pero estabas desnuda, no tenías nada. 8 Entonces pasé cerca de ti y te vi; era el tiempo de los amores, eché sobre ti mi manto, cubrí tu desnudez y te hice un juramento. Hice una alianza contigo, palabra de Yavé, y tu pasaste a ser mía.


9 Te bañé con agua, lavé tu sangre y te perfumé con aceite. 10 Te vestí con ropajes bordados, con calzado de cuero fino, puse en tu cabeza un velo de lino y de seda, 11 te adorné con joyas, puse brazaletes en tus muñecas, un collar en tu cuello, 12 un anillo en tu nariz, aros en tus orejas, y para tu cabeza una espléndida diadema. 13 Tus joyas eran de oro y plata, tus vestidos de lino fino, hechos con telas preciosas todas bordadas. Te alimentabas de harina fina, de miel y de aceite, y quedaste magnífica: un día fuiste la reina. 14 Tu belleza se hizo célebre entre las naciones: era una belleza perfecta gracias a mi esplendor que derramaba sobre ti, palabra de Yavé".


¿Cómo no sentir el Amor de ese Dios bueno fiel a su Alianza desde el desierto hasta hoy? El Maestro lo amó, reconoció su fidelidad a la Alianza. Pero el tiene algo nuevo y superior para ofrecerle. Aquél hombre frente a la vida del Maestro descubre que algo le falta, pero si tiene la Vida ya, ¿porqué siente que algo le falta? El maestro tiene una vida que en cualquier manera disturba su orden de vida religioso y preestablecido, tiene una vida diversa, le atrae, la quiere y por ello añade un plus: "una cosa te falta"... ¡Ah! una cosa, una solo cosa, ya haz hecho tanto, haz practicado desde tu juventud los mandamientos, base de la salvación y de tener la vida eterna, ahora solo una te falta... tener un tesoro en el cielo.


¿Un tesoro en el cielo? Una respuesta inesperada a una pregunta inesperada. Un tesoro mmmmm propuesta interesante... ahora no se trata de cumplir mandamientos, ahora se trata de hacer negocios, de obtener un tesoro en el cielo, junto a Dios, donde no hay gusano que lo corrompa ni bolsa de New York que la devalué. Este hombre está ahora listo para dar un nuevo salto de cualidad: si no sólo me consideras como maestro, si eres capaz de reconocerme como ¡el Bueno! ¡como Dios! entonces no solo cumplas los mandamientos ¡Ven y sígueme!


Pero el hombre se fue triste, dice el evangelio, porque tenía muchos bienes. El divino maestro invita al hombre a convertirse en su discípulo pero esta acción implica el desprendimiento de lo que a él personalmente le hubiese impedido tener ese tesoro en el cielo: los tesoros de la tierra. Por eso le dice:

¡Ve, vende todo lo que tienes y dalo a los pobres, luego ven y sígueme! El hombre rico lleno de bienes no es capaz de asimilar este discurso, tiene tantas cosas, tantos bienes, tanto que ha adquirido con el tiempo y con su esfuerzo, ha conseguido una posición estable y fructuosa que le permite vivir los mandamientos siendo bueno.


Pero el mayor drama de este pasaje es que este hombre rico no parece estar aún dispuesto para acoger tener un tesoro en el cielo, ¿porqué? ¿porque no reconoce en Jesús a aquél Dios Bueno que hace alianza con su pueblo? ¿o porqué la esclerocardía, la dureza del corazón se está apoderando de sus arterias, de sus entrañas? De hecho el pueblo de Israel cambió su corazón de carne por uno de piedra. Se fue endureciendo porque dejó de confiar plenamente en su Dios bueno, y todo lo que él mismo le había dado lo convirtió en su dios...


Ez. 16, 15 "Pero luego pusiste tu confianza en tu belleza, tu fama te permitió prostituirte; prodigaste tus encantos a cualquiera que pasaba y te fuiste con él. 16.Tomaste tus vestidos para decorar los Altos Lugares en los que te prostituías. 17.Tomaste tus joyas de oro y plata que te había dado, hiciste con ellas estatuas de machos con los que te prostituiste. 18.Las cubriste con tus vestidos bordados y depositaste ante ellas mi aceite y mi incienso. 19.Les presentaste como ofrenda de agradable olor el pan que te había dado, la harina flor, el aceite, la miel con que te alimentaba - palabra del Señor¨

Dicen que a los monos los cazan en Africa haciéndo un orificio en el tronco de un árbol y en el interior ponen arroz, pero del hoyo tiene que tener el tamaño de la mano vacía para que pueda entrar fácilmente; o se pone una banana dentro de un jarrón que igualmente tenga un orificio en que la mano entre sin problemas.


El chimpancé felizmente encuentra el arroz o la banana y mete la mano, pero no puede sacarla si decide mantenerla llena, de este modo, los cazadores lo pillan. Si el mono se decidiera a "soltar" su tesoro, seguramente salvaría la vida. ¡Pobre mono!


Y nosotros estamos exactamente ¡ahí¡

Hoy el evangelio nos coloca delante de este hombre rico que es un bellísimo espejo, donde podemos descubrir nuestras aficiones desordenadas, o sea donde podemos sinceramente encontrarnos a nosotros mismos o con las manos en la masa ... o dentro del orificio del árbol o con la mano metida el jarrón. Pero querámoslo o no, estamos ahí, delante de una OPCION fundamental sea que seamos solteros, casados, religiosos etc., la opción fundamental es la determinación de abrir las manos o mantenerlas empuñadas para no soltar nada, es la opción de seguir a Cristo y sobre todo de dejarlo o no que sea Dios en mi vida. 

No es que las riquezas sean malas, no es que tener cosas materiales sea un pecado, todo depende para que me sirven, el problema es sobre todo ¿qué lugar ocupan en nuestros corazones las cosas materiales y a dónde nos llevan? y si estas SUSTITUYEN y en qué manera a Cristo y nuestra absoluta confianza en él. El dinero es siempre necesario pero hasta qué punto lo mucho o lo poco que tenemos sigue siendo el Rey, como canta Jose Alfredo Jimenez, ¿hasta qué punto las cosas materiales sustituyen mi confianza plena en la providencia divina que no falta? ¿hasta qué punto el oro que es el rey de los metales, se ha convertido también en el rey de los corazones de metal...? 

Hoy el evangelio nos coloca delante del ojo de la aguja. El ojo de la aguja es en realidad una pequeña puerta al lado de la puerta principal en una ciudad amurallada. Al cerrarse la puerta de la ciudad por la noche por motivo de invasiones o guerras, quedaba como único punto de entrada o salida para los mensajeros la puerta pequeña lateral.


De esta manera los ejércitos no podían entrar en la ciudad con sus caballos, y si querían conquistarla debían entrar a pie y agachados, desventaja inoportuna porque a penas entraban con la cabeza agachada, los decapitaban.

La imagen pasó a referirse en nuestras lenguas, al orificio de la aguja que de igual manera indica un orificio tan pequeño que ni un caballo ni un camello pueden pasar. 

Este hueco es uno de los ojos de la aguja de las puertas de la ciudades amuralladas antiguas. Esta de la foto está en la IX estación del viacrucis en Jerusalén.

Mañana domingo en Roma será canonizado Monseñor Oscar Romero, arzobispo de San Salvador que siendo jerarca de la Iglesia y viviendo una vida tranquila y bastante cómoda se decidió a estar del lado de los pobres y defenderlos hasta la muerte sin miedo a las represalias del gobierno que ya le había ofrecido protección: “Yo no quiero protección de un Gobierno que no está dando protección a mi pueblo”». Él siendo jerarca pasó por la puerta angosta o por el ojo de la aguja en una segunda conversión, y no sólo entro en la vida, sino que está llevando consigo una multitud de fieles a la fe verdadera. 

E igualmente será elevado a los altares el grande Pablo VI también llamado el papa de corazón grande (μεγαλόκαρδος), así lo llamó el Patriarca de Constantinopla Atenagora el 5 de enero del 1964 el un hombre simple pero que no permitió que su corazón se endureciera, de hecho en la homilía de conclusión del Concilio Vaticano II decía: "Ninguno es extranjero, ninguno es excluído o queda fuera, ninguno está lejos...cada uno está presente, lo diga el corazón de quien ama". Un hombre que no se dejó endurecer por las reglas, por el tiempo, por las tradiciones, por las heridas históricas entre iglesias diversas. Un hombre sano, el hombre de corazón de carne, corazón grande...


¡Señor enséñame a verme con transparencia a mi mismo, porque nada está escondido ante los ojos de aquél a quien tendremos que dar cuentas!


¡Enséñame a que no quiera seguir engañándome a mi mismo, con mis fantasías de creer que eres el Dios de mi vida cuando tengo otros dioses delante de los que me rindo de todo corazón y los adoro!


¡Señor dame la gracia de ser transparente especialmente contigo y conmigo no teniendo nada que esconder, nada que disimular, nada que disfrazar! ¡Quiero acabar con todas las sombras que viven en mi alma para que tu seas la luz de mi alma y pueda ser talmente transparente que quien me vea a mi te vea a ti! Que quien me encuentre pueda sentir tu corazón grande en mí.


¡Que me conozca que no tema decir si estoy atorado en medio del ojo de la aguja, pero sobre todo que te conozca y no tenga miedo de tu mirada tierna y fija que directamente me guarda con ese amor que logra arrancarme de mis jarrones con bananas, de mis hoyos llenos de arroz y de los ojos de aguja donde estoy atrancada!


¡Enséñame a soltar mis jarrones con arroz o con bananas, a abrir los puños para recibirte! ¡Enséñame a saltar deportivamente el ojo de la aguja sabiendo que hay toda una vida de amor que me espera en ti!


El que canta ora dos veces

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