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Por la dureza del corazón...

Jesús sigue haciendo escuela en camino, escuela pública y privada y ahora llega hasta la actual Jordania, al otro lado del río Jordán donde Juan el bautista predicaba y bautizaba. Ahora Jesús está ahí y la multitud se acerca para escuchar al Maestro de Galilea, y él "se puso a enseñarles como normalmente lo hacía".


Este es el marco geográfico introducido en el que el evangelista Marcos sitúa el encuentro entre Jesús y algunos fariseos. El otro lado del Jordán es un lugar importantísimo en la tradición hebrea del Antiguo Testamento, es el lugar donde se encuentran en este paraje semidesértico, grandes profetas, Moisés desde ahí ve la tierra prometida, Elias habitaba y desde ahí es llevado en un coche de fuego hasta el cielo con Dios, Juan el bautista, profeta también hebreo y del AT bautiza y predica la venida del Mesías. 

Ahora es el tiempo de Jesús. Está ahí, al otro lado del Jordán y la gente y algunos fariseos están ahí, en ese lugar natural y en cualquier modo sagrado. El paraje es semidesértico, hay árboles y vegetación abundante porque el agua potable aunque es semi salada por su cercanía al mar muerto territorio lleno de sales minerales, hay grutas donde poder pasar la noche en un desierto frío de noche y cálido desértico de día, y en el silencio que impera una nueva voz en el desierto se hace escuchar, no ya la del AT, la nueva voz, la voz del profeta de Galilea que viene a romper el silencio del desierto.

El desierto como bien nos recuerda la tradición bíblica, es el lugar de la prueba, y ahí, aquel particular grupo de fariseos pregunta pero para ponerlo a prueba.


La pregunta en su contenido es difícil porque difícil es la materia, el matrimonio, el pacto conyugal:“¿Es lícito a un hombre repudiar a su mujer?”, nada mas y nada menos. Pero Jesús sabe discernir bien y distingue el tipo de pregunta, sabe que es una prueba y astutamente responde nada más y nada menos que con otra pregunta..., listillo el muchachillo:


“¿Qué cosa ordenó Moisés?" Moisés, es la autoridad que emanó esa ley e implica obligatoriedad en caso que a ella se requiera atender. Sí, así ha hablado la voz más autorizada del desierto: Moisés permitió escribir un acto, un documento de repudio biblion apostasiu (βιβλίον ἀποστασίου), que tiene como consecuencia o fin el divorciar apoliuo (ἀπολύω), separarse de aquello a lo que se estaba unido.

Esta es "la orilla del otro lado del Jordán", o sea, la orilla occidental del río desde la actual Jordania donde Juan Bautista bautizaba, donde Elias fue llevado al cielo en coche de fuego,

desde ese lado del Jordán Moisés ció la tierra prometida

y probablemente desde donde Jesús predicó en esta ocasión.

“En los que proceden de bien en mejor, el buen ángel (se refiere al buen Dios) toca dulce, leve y suavemente, como gota de agua que entra en una esponja; y el malo toca agudamente y con sonido y inquietud, como cuando la gota de agua cae sobre la piedra...” (Ejercicios, n. 335)


¿Cómo siento mi corazón frente al Señor?

¿como esponja o como piedra?


Porque el reclamo del Señor está ahí latente, esperándome a poderme empapar de su dulzura de su bondad de sí mismo haciéndose uno conmigo, porque el Amor no soporta la tibieza en palabras del apocalipsis (Ap 3,16) o la dureza... en palabras del Maestro en el desierto, es el reclamo más profundo del amor: “¡Dime ¿cómo está tu amor en mi amor?”como canta un artista latinoamericano:


“Y dime como está mi amor en tu amor...

Frío, frío como el agua del río

O caliente como agua de la fuente

Tibio, tibio como un beso que calla

Y se enciende si es que acaso le quieres”

Sí, la palabra del Creador resuena en toda la tierra, tiene el poder de crear pero requiere un corazón de niño, tierno capaz de acogerlo a él y sus palabras. Nadie nunca ha dicho que la alianza matrimonial, las relaciones inter personales comprometidas a cualquier nivel sean fáciles. Pero a veces por la dificultad de vivirlas preferimos hacer oídos sordos de esa voz interior, de la ley profunda y divina escrita en nuestro corazón y construirnos aquellas que se nos acomodan según nuestros intereses, aquellas que nos evitan la fatiga de comprometernos hasta el fondo con la vida, con el sufrimiento, con la solidaridad.


Es de esto que se nos invita a divorciar sobre todo de eso que amenaza desde siempre a la humanidad y que el Santo Padre Francisco tanto evoca: la cultura del descarte, esa que ve el como primera, rápida y suficiente solución descartar todo aquello que implica una opción por asumir la compleja realidad que se nos presenta en la vida y en el amor, sea esta la alianza conyugal, sea la vida de un nuevo ser deseado o no, sea la vida de un anciano que está en la flor de la senectud o de un enfermo terminal o de un enfermo psiquiátrico en casa etc., etc., etc.


Pero se nos olvida que solos no podemos, que sin el amor del Señor cada día en nuestro corazón es imposible, es necesaria una amistad íntima y muy personal con Jesús, con nuestro padre Dios, con el Espíritu de Amor, donde nos sentimos en casa, acogidos en nuestras miserias, comprendidos y renovados, solo así podremos extirpar de raíz la terrible enfermedad que el evangelio detecta la esclerocardía (σκληροκαρδία), corazón endurecido (Mc 10,5) pero sin una seria oración personal y sincera, esta enfermedad nos acabará convirtiendo en hombres y mujeres de piedra, inflexibles, rígidos, sin sentimientos ni decisiones acordes con el corazón de Dios o por el contrario, hombres y mujeres con el corazón de Dios que no deja de amar, de apacentar, de creer, de esperar, de soñar, de reír


El Señor me donó nacer en el seno de una pareja maravillosa, comprometidos para siempre en alianza matrimonial como cualquier pareja que se casa con la bendición de Dios, con la ilusión de formar una familia. Mi padre no la tuvo fácil, provenía de una familia rota verdaderamente, tuvo que trabajar desde los 7 años... y mi madre de una madre un hogar más sereno pero por poco tiempo... ¿Dónde estuvo la diferencia? Se dieron cuenta que SOLOS, no podían, que el amor conyugal sin la presencia continua del Señor, no sólo en la boda, sino en el día a día, no podrían llegar a la meta.


Se abrieron como esponja al Señor y de esa recreación nació un proyecto común entre ellos que duró treinta años, cuando el Señor llamó a mi Padre a sus 56 años a su presencia. De ellos aprendí cómo es el amor del Señor por mi vida, como padre, madre, esposo, compañero de vida, proveedor, protector, animador etc., etc., etc., y aprendi como darse todo entero al Señor cuando los veía a las 5 de la mañana frente al sagrario en oración; aprendí lo que significa ser fiel a un proyecto y una persona más allá de las dificultades; aprendí que el Señor lo es todo y a darse todo entero a él con sumo cariño; aprendí el perdón y no guardar rencor y no irse a dormir sin antes haberse dado un beso de buenas noches también en signo de reconciliación entre ellos y con nosotros... aprendí... aprendí... aprendí...


A nosotros nos invita el Buen Dios Creador y Padre, nos invita Jesús a crear hogares donde se vive y se trabaja para crecer integralmente; donde ellos tienen un lugar esencial en el hogar; donde no se DESCUIDAN las opciones fundamentales diarias del amor que no nos lleve a los lamentables recursos urgentes de rupturas inevitables.

Nos invita a discernir las decisiones, las leyes, los preceptos que hoy en día tocan la vida hasta ponerla en duda, tocan ya los mandamientos esenciales de la ley divina como no matarás, que hoy en día vienen justificadas y reivindicadas incluso como derecho.


A nosotros nos invita Jesús a que el plan y el proyecto de Dios, entre en los más profundo de nuestra conciencia, que abandonemos la dureza del corazón que prefiere matar en vez de morir por amor, que prefiere abandonar en vez de acoger, que se pone en el centro y rechaza al pequeño y necesitado. Renuévame Señor Jesús para que pueda entrar en la lógica del pequeño, del niño que siempre cree, espera y ama. Por ello el evangelio de este domingo concluye diciendo que Jesús ¡se indignó con los discípulos! porque se le acercaban los niños pero ellos lo prohibían: “No se lo impidan, porque a quien es como ellos pertenece el Reino de Dios”.


¡Señor que sea capaz de reconocer mis durezas, las que nacen de mis heridas, o de mis impotencias, o de mi pecado! Las que me hacen capaz de abandonar o de echarme para atrás en mis compromisos diarios, los que contigo me fijé.

¡Que ya no pueda Señor abandonar el plan y proyecto que en lo hondo de mi conciencia me susurras cada día! ¡que tu voz rompa el silencio de mi desierto para que siga creyendo en tu plan y proyecto!


¡Señor que tu amor en mi amor rompa mi frialdad y mi dureza para que entre en la lógica de la ternura!

¡Renuévame Señor Jesús ya no quiero ser igual y pon en mi tu corazón!

¡Que mi corazón palpite al ritmo del tuyo!

Renuévame Señor Jesús